Mi abogado no se mueve ¿Qué puedo hacer?

Socorro: Mi abogado no se mueve

Ya me lo han confirmado en el juzgado: si mi tema está parado no es porque la justicia vaya lenta, sino porque mi abogado no se mueve.

Confirmado: mi abogado no se mueve. Y no es que le falte flow, o swing, o que tenga las mismas habilidades motrices que un paragüero. El problema es peor, mucho peor.

Porque es bien sabido que el movimiento es como el superpoder de los abogados. Un picapleitos que no sepa moverse es como Superman después de hacer aquagym en una piscina de kryptonita. El movimiento es consustancial a la efectividad del letrado, y por eso todo el mundo sabe a qué me refiero cuando digo que mi abogado no se mueve, mientras que la frase carecería de sentido -salvo el literal y como paso previo a la intervención de las asistencias y fuerzas del orden- si por ejemplo digo que mi quiropráctico o mi suegra no se mueven.

Y mira que sospechaba yo que algo no andaba bien con mi expediente, pero lo achacaba a lo de siempre, a la lentitud de la justicia, o a esa manía boba que le entra a los jueces de dar traslado de mis peticiones a la parte contraria, como si no supiéramos todos que este pleito sólo puede acabar con una sentencia en que se me dé la razón. La cuestión es que iba yo al despacho del leguleyo (por supuesto sin cita y a horas intempestivas) para ver las novedades que se habían producido en mi asunto durante la última semana, y el fulano me exponía unos argumentos en principio convincentes:

-¿Ve usted, señor X? (el señor X soy yo, aunque no es mi verdadero nombre). Esta petición la envió nuestro procurador hace ya dos meses, y de hecho hemos presentado un recordatorio, ya que no nos han respondido en el juzgado. Por lo tanto, si el asunto no avanza no es por culpa mía.

Por supuesto a la mañana siguiente me presenté en el juzgado, a fin de pedir explicaciones sobre tan injustificable demora. Y aunque el funcionario acabó reconociendo que los escritos de mi letrado efectivamente les habían llegado y estaban pendientes de proveer (el recordatorio en concreto estaba calzando la mesa de la fotocopiadora), me soltó una frase que me dejó descolocado:

– De todas formas, dígale a su abogado que se mueva.

¡Así que era eso! Mi expediente no avanza porque mi abogado no se mueve. ¡Cómo no lo vi con mis propios ojos!

– Me han dicho en el juzgado que el problema es que usted no se mueve -le solté al picapleitos esa misma noche, en su domicilio particular.

– ¿Qué quiere decir con que no me muevo? – preguntó confuso mientras se ajustaba el pantalón del pijama, que tenía la goma dada de sí.

-¡Usted sabrá!

-¿Qué pretende, que le haga un moonwalk al funcionario?

-No se pase de listo, que le denuncio.

Obviamente, pensé en cambiar de letrado. Pero, ¿cómo puede uno distinguir a los abogados que se mueven de los que no?. Probé en Google. Tan sólo había escrito en el formulario las palabras “mi abogado” y ya se me sugirieron búsquedas alentadoras (“mi abogado no me hace caso“, “mi abogado me engaña” o “mi abogado no me atiende”)*. Ante la consulta “mi abogado no se mueve” aparecieron 495.000 resultados, lo que demuestra que nos hallamos ante una plaga de inmovilismo jurídico de dimensiones cósmicas, de un complot togado que tiene sin duda como fin ulterior la dinamitación del estado de derecho y el cobro de honorarios post mortem con cargo al caudal relicto de los clientes.

Como última solución, me vi en la necesidad de estudiar derecho, a fin de defenderme a mí mismo. Lo que me preocupa es que ya estoy en el último curso y en el programa de estudios no se hace mención alguna al movimiento de los abogados. ¿Lo impartirán en algún máster?

¿Cómo saber si mi abogado está trabajando en mi caso?

Ahora en serio, existe una desconfianza generalizada hacia el gremio de los letrados que no podemos ignorar. La razón -o una de ellas- podría ser que nuestro trabajo en muchos casos no es visible. No levantamos paredes, o cortamos puntas, o entregamos paquetes.

Por ello es tan importante no solo trabajar en un expediente, sino explicar al cliente qué tramites hacemos en cada momento, o por qué razones -casi siempre ajenas a nuestra voluntad- un asunto puede quedar paralizado (por ejemplo a la espera de que el juzgado encuentre una fecha libre para celebrar el juicio)

Por otro lado, nuestro gremio debería entender que para cada cliente su asunto -aunque en comparación con otros que estemos tramitando al mismo tiempo sea una pequeñez- es lo más importante. Y por lo tanto no debe extrañarnos que nos llame cada cierto tiempo para constatar que su tema avanza a un ritmo razonable.

Para saber si el expediente que tenemos encomendado a un abogado está siendo debidamente atendido lo primero que debemos hacer es solicitar al letrado que nos haga un pequeño esquema o timeline del proceso que cabe esperar. En FM Abogados Tenerife solemos mostrar a los nuevos clientes un gráfico con los puntos que deberá recorrer el asunto que nos encargan hasta llegar a término, y los plazos aproximados que conllevará cada trámite. De esta manera el cliente, cuando por ejemplo le decimos que su asunto pasa a reparto, ya sabe que nos va a tocar esperar un par de meses hasta que se le llame para hacer el apoderamiento. El cliente se queda tranquilo, porque entiende que la demora es normal y no imputable a sus abogados.

Y es que un cliente informado -con pocas aunque ruidosas excepciones- es un cliente tranquilo.

Pasos para comprobar si mi abogado no se mueve (o sí)

  1. Tenga siempre claro cuál es el siguiente paso que se ha de dar en su expediente (y a quién le corresponde la iniciativa). Los juicios son como el ajedrez, donde se van alternando los plazos en que pueden moverse las piezas blancas y las negras. En muchas ocasiones si mi abogado no se mueve es porque no puede moverse, ya que el plazo para actuar lo tiene la otra parte o el propio juzgado. Averigüe a qué parte le toca jugar y qué plazo tiene para hacerlo.
  2. Cuando acude al juzgado para hacer los poderes (lo que conocemos como apoderamiento apud acta) le entregan una copia con su comparecencia. En la misma, en las esquinas superiores, dispone de los identificadores de su asunto. A la izquierda suele estar el juzgado que lo lleva (y el teléfono directo) y a la derecha el tipo y número de procedimiento. Puede por tanto acudir al juzgado (si llama no le dirán nada, por el tema de la protección de datos) y preguntar con toda la tranquilidad del mundo en qué estado se encuentra. (Eso sí, no sería la primera vez en que el funcionario, que realmente es el que tiene retrasado el asunto, le echa la culpa al letrado)
  3. Desde la entrada de LexNet en el panorama judicial, todos los escritos van firmados digitalmente. Significa esto que podemos ver en qué fecha fueron presentados (e incluso en qué hora). En consecuencia, cualquier retraso injustificado es fácil de detectar.

*Las sugerencias de búsqueda son totalmente reales.