Informe de biomecánica en accidente de tráfico, ¿sirve de algo?

¿Qué es y qué valor tiene en juicio un informe de biomecánica?

Las compañías de seguros están utilizando el informe de biomecánica para no pagar las indemnizaciones. ¿Le están dando los jueces credibilidad a los mismos?

 informe de biomecánica en un accidente de tráfico

Uno de los términos de moda dentro del mundillo de la reclamación de indemnización por accidente de tráfico es el de informe de biomecánica. Las aseguradoras lo están utilizando a discreción para evitar pagar cantidad alguna en aquellos accidentes de tráfico que se denominan “de baja intensidad”, por presentar los vehículos implicados en el mismo pocos daños materiales.

¿Qué es un informe de biomecánica?

Perdónenme de antemano los ingenieros y físicos por la explicación tan pedestre que me dispongo a dar, pero es necesario que se entienda el concepto para ver tanto la utilidad que el informe biomecánico tiene para las aseguradoras como las posibilidades de “neutralizar” un informe desfavorable.

Antes que nada, decir que normalmente el informe de biomecánica se utiliza para acabar con el gran enemigo de los seguros: el latigazo cervical. Coinciden los expertos en que para que una persona sufra un latigazo cervical o una dolencia similar es necesario que se aplique sobre su zona cervical una fuerza de desplazamiento que haga que el cuello se mueva con brusquedad hacia detrás y hacia delante (de ahí lo de “latigazo”, por la trayectoria que describe el cuello de la víctima). Bien, por lo tanto -y aquí empieza el razonamiento de las aseguradoras- si no hay desplazamiento no hay latigazo, (por aplicar el caso extremo, una persona en un coche detenido no puede sufrir una lesión cervical).

Ahí es donde se intenta dotar de sentido al informe de biomecánica, que viene a responder una pregunta general, a saber: ¿Qué fuerza de desplazamiento mínima es necesaria para que alguien sufra un latigazo cervical? Si se puede crear una cifra determinada por debajo de la cual se entendiera como imposible que los ocupantes de un coche sufrieran un desplazamiento, la cuestión se reduciría a analizar cada accidente de tráfico para determinar si la fuerza de desplazamiento supera o no esa barrera mínima.

El baremo y el informe de biomecánica

En el proyecto de ley del nuevo baremo de tráfico, y en concreto en el vergonzoso artículo 135 que pretende acabar con las lesiones menores de la columna, se incluyó la necesidad -entre otros factores- de que existiera “una adecuación biomecánica entre la lesión sufrida y el mecanismo de su producción”.

Cierto es que la nueva redacción del artículo 135 suprime el término “biomecánica”, pero para los latigazos cervicales se sigue necesitando acreditar un criterio de “intensidad” en la colisión, lo cual en los oídos de las aseguradoras suena casi, casi igual.

El informe biomecánico en la práctica

Decididas a sacar réditos de un baremo efectuado al dictado de los lobbys aseguradores, las compañías de seguros han montado un protocolo de actuación que sigue estos pasos:

  1. Si los vehículos implicados sufren unos daños materiales inferiores -normalmente- a 400 euros, el tramitador de la aseguradora responsable le coloca a su expediente la etiqueta de “accidente de baja intensidad”.
  2. En consonancia, si existe algún lesionado con daños cervicales remitirá al perjudicado una respuesta motivada rechazando las consecuencias del accidente. Ello imposibilitará que el accidentado pueda acudir a un médico forense y le obligará a contratar un perito médico o un despacho de abogados que cuente con uno.
  3. Si el lesionado persiste e interpone una demanda, la aseguradora encargará un informe biomecánico a un despacho de ingenieros especializados en este tipo de asuntos. Uno de dichos ingenieros acudirá el día del juicio a intentar convencer al juez de que el impacto ha sido tan leve que es imposible que nadie haya podido salir lesionado.

La credibilidad que estos informes están obteniendo entre los jueces es bastante baja, salvo casos de colisiones escandalosamente leves que además coexistan con lesiones no demasiado acreditadas desde un punto de vista médico. No hemos de olvidar que en opinión de los expertos, la fuerza del impacto es sólo una de las múltiples variables que pueden intervenir en la producción de un latigazo cervical (musculatura del accidentado, posición inicial del lesionado antes del impacto, colocación del reposacabezas, etc)

En la mayoría de casos es sencillo desmontar estos informes de biomecánica, ya que tras sus páginas de sesudas operaciones matemáticas en busca de la fuerza Delta V se esconde una realidad muy poco científica: y es que los datos en que estos ingenieros se apoyan para llegar a sus conclusiones “científicas” suelen ser tan ruprestres como: he calculado la velocidad del coche A en base a la copia de una foto tomada por el móvil que me han pasado, y en la que la abolladura que presenta el vehículo sería coincidente con un impacto no superior a 30 km hora. Esto es, la toma de datos no tiene en cuenta ni el ángulo de impacto, ni el rozamiento, ni la capacidad de absorción de las piezas de ambos vehículos, ni el número ni peso de los ocupantes que viajaran en ambos, ni la posición dentro del coche de la víctima (delante, detrás, etc). Esto es: la fórmula puede ser correcta en abstracto, pero no las variables que la convierten en verdadera en un caso concreto.

Por lo tanto, no se dejen amedrentar si les dicen que la aseguradora tiene un informe de biomecánica que les es desfavorable.

Hasta el próximo artículo de Abogados Tenerife.  

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