Obligación del abogado en la reclamación de indemnización

Obligación del abogado a la hora de reclamar una indemnización

En la reclamación de indemnización por lesiones en un accidente de tráfico ¿cuál es la obligación del abogado? ¿Ha de reclamar lo que le pide el cliente?

obligación del abogado en la reclamación de indemnización por accidente de tráfico

Hoy quisiera hablar en Abogado Accidente Tráfico Tenerife de la obligación del abogado en todo el procedimiento de reclamación de indemnizaciones por lesiones y daños en accidente de tráfico.

Como casi siempre, más que buscar el tema sobre el que escribir ha sido el propio tema el que se ha hecho patente a través de uno esos pequeños acontecimientos que pueblan la jornada de los abogados de accidentes. En concreto, diré que en los últimos días he tenido un desencuentro con dos clientes distintos por hacer precisamente lo contrario en uno y otro caso.

¿Existe una obligación del abogado de reclamar todos los gastos que el cliente le ponga por delante?

En ambos asuntos los clientes habían decidido “engordar” la indemnización a que tuvieren derecho por su accidente de tráfico aportándome para su reclamación una serie de gastos que se notaba a la lengua que o no correspondían al siniestro o que directamente habían sido prefabricados para la ocasión. Uno en particular me quería hacer creer que como el centro de rehabilitación le quedaba lejos de casa, cada día llamaba al mismo taxista para que le recogiera, le llevara a la otra punta de Tenerife, le esperara durante las dos horas que duraba el tratamiento y luego lo devolviera a casa. En consecuencia, me presentó un taco de recibos (sin doblar y con números de serie correlativos) que sumaban más de diez mil euros, pidiéndome que además “no le tardara mucho con la reclamación, porque estaba desempleado y con lo del accidente lo estaba pasando mal económicamente”. En el otro caso, aparte del habitual surtido de recibos de taxi con licencia única, se me presentan facturas de dos gafas (unas graduadas y otras de sol), dos móviles, una tablet y un portatil. Todo presuntamente comprado una semana antes del accidente por un importe que superaba los seis mil euros. Por supuesto, no tan sólo no existía prueba alguna de que esos enseres se hubieran estropeado en el accidente de tráfico, sino que cuando este letrado le sugirió la posiblidad de peritarlos el cliente se echa las manos a la cabeza y me dice que lo ha tirado todo a la basura, porque estaba inservible.

Bien. Con estos antecedentes reitero la pregunta ¿Existe una obligación del abogado de reclamar gastos que sabe que ni en sueños le van a pagar al cliente? En uno de los casos -el primero- optamos por hacer la reclamación tanto por las lesiones como por los gastos de taxi. Obviamente la aseguradora se negó a pagar tal burrada de dinero y acabamos en juicio, donde el compañero se puso las botas interrogando al cliente hasta que éste casi confesó haber alcanzado un acuerdo con un amigo taxista. El resultado: no sólo no le pagaron los gastos, sino que la jueza decidió no concederle indemnización alguna por secuelas, ya que les mismas se basaban en las manifestaciones de una persona que había demostrado mentir cada vez que hablaba. Por supuesto, pese a que había advertido al cliente de que iba a pasar lo que finalmente pasó, éste no se privó de decirme que debería haber desoído sus propias instrucciones y tomar yo la decisión sobre lo que era reclamable y lo que no.

Y coincide como digo el resultado de este juicio con el caso del “señor Media Markt” (tal como hemos bautizado al otro cliente). En este caso decidimos hacer una reclamación únicamente por los conceptos indemnizatorios que nos constaran como acreditables. La aseguradora, tras la pertinente negociación, nos pasó una oferta relativamente justa. El problema, tal como adivinarán, vino al trasladarle al cliente la misma, ya que pese a que se le había avisado que muchos de los gastos que nos había aportado no serían nunca estimados en una sentencia, se empecinó en que reclamáramos todo, so pena de cambiar de despacho. Sé que si acepto esa exigencia me pasará lo mismo que en el juicio del otro caso. Sé, incluso, que aunque se lo repita hasta la saciedad, cuando pase lo que sé que  va a pasar al cliente le faltará tiempo para echarme la culpa. Por lo tanto, tengo decidido que no voy a meterme en una reclamación sin posibilidades de éxito, ya que entiendo que la obligación del abogado es asesorar y defender los derechos del cliente hasta donde éstos sean ejercitables, y aquí -salvo error- no tiene cabida lo de “el cliente siempre tiene la razón”.

 

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