Los peores clientes de un abogado de accidentes de tráfico

¿Cuáles son los peores clientes de un abogado de tráfico?

Este es el top five de los peores clientes de un abogado, tras veinticinco años de experiencia en la reclamación de indemnización por accidentes de tráfico

Los peores clientes de un abogado de accidentes de tráfico

Permítanme que hoy me relaje y me desahogue hablando de los peores clientes de un abogado, en este caso de los que puede tener un letrado especializado en indemnizaciones por accidentes de tráfico como FM Abogados Tenerife. Existen muchos artículos y consejos dirigidos a los accidentados encaminados a que escojan el despacho jurídico más adecuado y fiable para sus intereses, pero muchas veces se nos olvida que los abogados deberíamos tener también la posibilidad y las herramientas para aceptar -o no- a los usuarios que acuden a nuestras consultas con la intención -o no- de encargarnos su asunto.

Y es que uno cree tener una facultad empática resistente a los años y las decepciones, lo cual no obsta para que sea capaz de reconocer que un porcentaje -pequeño, pero en absoluto desdeñable- de la potencial clientela está formado por los peores clientes de un abogado.

El cliente Guadiana

Lo hemos sufrido en el despacho esta misma semana, y de hecho ha sido el desencadenante para elaborar este artículo. La historia de su relación con nosotros -salvo por el final- es extrapolable a docenas de clientes que hemos  conocido durante este cuarto de siglo de ejercicio de la abogacía.

Resulta que este caballero que opta a la lista de los peores clientes de un abogado tuvo al parecer un accidente de tráfico con lesiones allá por marzo. Lo sabemos porque nos consta que por esas fechas nos llamó y concertó una cita para encargarnos la reclamación. No se presentó a la cita ni creyó necesario llamar para cancelarla.

En esta semana, a finales de septiembre, el señor nos ha vuelto a llamar. Estaba -por lo que relata la compañera que le atendió- indignado con los seguros (el propio y el contrario) porque le habían engañado de todas las formas imaginables, y para rematar ahora le ofrecían una indemnización ridícula, razón por la que se había decidido a encomendarnos su asunto. En estas que la compañera le hizo mención a que nos constaba que en marzo ya nos había llamado, pero no se presentó, y la respuesta fue la que le ha traído a este post: es que pensé que para esto no hacía falta abogados.

En FM Abogados Tenerife hemos optado por no aceptar este tipo de asuntos, ya no solo por tener la sensación de que para el cliente somos como ese extintor que se usa sólo en caso de emergencia, sino porque el tema suele llegar con tantos errores acumulados que la mayoría de casos resulta imposible enderezarlo.

El cliente Ikea

Este es otro de los peores clientes de un abogado, y una variante del tipo anterior.

Por alguna razón que no puedo -ni quiero- entender, este tipo de elementos consideran que el desempeño de la abogacía es algo sencillo y al alcance de cualquiera, razón por la que sin más apoyo que algún tutorial extraído de internet se suponen capacitados para realizar en su propio nombre e interés las labores propias de un letrado. Este intrusismo por parte del cliente es especialmente doloroso, ya que no consta que se produzca en otras profesiones (cirujanos, pilotos de vuelos transoceánicos…)

Pero siendo grave la cosa, lo que toca especialmente las narices es que el cliente Ikea, tras gestionarse -normalmente de forma catastrófica- su expediente siguiendo los sabios consejos de usuarios avanzados de forocoches, requiere cuando ya está a punto de cobrar la escuálida indemnización que ha “negociado” una suerte de convalidación profesional de su trabajo, y entonces va y llama al despacho de un abogado especializado en accidentes de tráfico. Normalmente, al ser atendido por teléfono por uno de nuestros compañeros, nos suele regalar una frase como la que sigue:

-Buenos días, ¿cuánto cobráis por una consulta para que me digáis si lo que he conseguido que me pague el seguro es correcto?

Como pueden imaginarse, tampoco atendemos este tipo de consultas, por los mismos motivos del caso anterior… y por dignidad. Además, no sirven de nada, porque aunque le expliques al no cliente que lo que le están ofreciendo es una miseria, como está en juego su propio prestigio protoprofesional preferirá mirarte entre incrédulo y condescendiente antes que reconocer una de las grandes verdades del universo:  Que uno no es tonto por no saber cómo se hace una cosa, sino por intentar cosas que no se sabe hacer.

 

El cliente “contradirección”

Conocerán todos el chiste del borracho que va con su coche en contra dirección por una autopista, y escucha por la radio el aviso de que un loco está circulando en sentido contrario, y suelta: “¿uno solo?, pero si son todos”.

Pues el tipo del chiste tiene su correlativo dentro de nuestra lista de los peores clientes de un abogado de accidentes de tráfico. Se le reconoce por las “víctimas” que va dejando a lo largo del proceso que va desde el siniestro hasta que percibe la indemnización. Nada ni nadie escapa de su insatisfacción y su listón de exigencia inalcanzable, así que no es de extrañar que ya cuando llega a la consulta del letrado haya denunciado a su seguro, a su agente, al hospital donde le atendieron de urgencias, al centro donde empezó la rehabilitación y a los dos abogados que te han precedido en la gestión de su expediente.

El cliente contradirección puede ponerte la cruz por motivos tan variopintos y desconcertantes como:

  • Que no le llames cada semana para saber cómo se encuentra.
  • Que no le reconozcas a la primera y con gran alborozo si por casualidad te lo topas en la sección de marroquinería del Corte Inglés
  • Que no te prestes -de manera colateral a gestionar su reclamación- a cumplimentar en su nombre las diferentes reclamaciones contra nuevos profesionales ineptos que se le van amontonando en su periplo hasta la sanación.
  • Que no le hayas avisado, con un máximo error tolerable de centésimas de segundo, del tiempo que iba a tardar el juzgado en señalar la vista de su asunto.
  • Que no seas capaz de asegurarle desde la primera visita cuánto va a cobrar por sus lesiones.

El cliente delay

Es habitual en el top five de los peores clientes de un abogado que se  dedique a la reclamación de lesiones en accidentes de tráfico. Dícese de aquél ser humano que acepta con estoicismo hacer la rehabilitación en el centro que le recomienda su compañía de seguros, pese a que el letrado que le asiste le advierte que en esa clínica le darán el alta antes de tiempo porque tienen unos cupos máximos concertados con las aseguradoras. Cuando efectivamente le dan el alta antes de hora, sigue sin quejarse, incluso a pesar de que el traumatólogo -precisamente para avalar el alta precipitada- minimiza o hace desaparecer del informe las secuelas que le quedan.

Pero eso sí, cuando su abogado hace la reclamación en base al pobre informe que le ha hecho el traumatólogo en el instante del alta precipitada en el cutrecentro médico que le ha endosado el seguro, el cliente delay despierta -con perdón- de su borreguismo, exigiendo al único profesional que está de su parte que reclame una indemnización acorde a los días y secuelas que posiblemente hubiera podido reclamar de haber sido igual de exigente cuando tocaba.

El cliente “va a ser por eso”

Este es otro clásico de los peores clientes de un abogado de mi especialidad. El caso arquetípico sería más o menos como sigue: es una persona de mediana edad que ha sufrido un accidente de tráfico leve y que en principio tiene una sintomatología acorde a la gravedad del siniestro, esto es, un latigazo cervical y a lo sumo molestias en las lumbares.

Se deriva a un centro de rehabilitación, y como a las dos-tres semanas empiezan los problemas. El paciente se empieza a quejar de cosas de las que hasta la fecha no se había quejado: le duele la cabeza, no puede levantar el hombro izquierdo, cerrar el puño derecho ni conseguir una erección en ayunas. Lejos de remitir, estos síntomas van empeorando pese al tratamiento y jornada tras jornada se van anexionando al cuadro clínico nuevos y heterogéneos padeceres.

Finalmente, no queda más remedio que hacer pruebas radiológicas, las cuales arrojan -dependiendo del caso- resultados que permiten concluir que la lesión no existe, o bien que nos encontramos ante una enfermedad previa (normalmente degenerativa) que nada tiene que ver con el accidente de tráfico, o que como mucho se ha podido ver mínimamente agravada por el siniestro.

El problema es que por mucho que se le exponen al perjudicado estas conclusiones clínicas y objetivas, éste se empecina en aseverar que hasta el momento del accidente gozaba de una salud que le hubiera permitido inscribirse en la Ironman de este año, y que todos sus síntomas -venideros inclusive- han de atribuirse al accidente de tráfico, cosa que como su letrado te conmina a hacer bajo apercibimiento que de no hacerlo pasarás a ostentar la categoría de abogado que se vende a las aseguradoras.

Son muy habituales, yendo más allá, los casos de clientes que -años y hasta décadas después de haber cobrado su indemnización- nos llaman para anunciarnos que les acaban de diagnosticar asma, miopía, alopecia, lupus o cualquier otra patología que de forma indubitada debiera achacarse al siniestro sufrido en su día, e interesando la inminente reapertura de su expediente.

Y esta es nuestra pequeña lista de los peores clientes de un abogado especializado en tráfico. Espero que la lean e interpreten con el mísmo ánimo jocoso con que nosotros la hemos escrito, y que ningún cliente contradirección nos demande por ello.

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