Franquicias para indemnización por accidente de tráfico

Franquicias para indemnización por accidente de tráfico

Franquicias versus abogados de accidentes

¿Qué es lo que hay detrás de las franquicias para indemnización por accidente de tráfico? ¿Son más efectivas y baratas que los despachos de abogados?

Veo mientras ceno un anuncio de una de las franquicias para indemnización por accidente de tráfico más conocidas, en pleno prime time en una de las principales cadenas de la parrilla televisiva. Es un anuncio bien hecho, tanto que hasta a mí me entran ganas de olvidar mis veinticinco años de experiencia y ponerme en sus manos si alguna vez resulto con daños personales en un siniestro. Desde luego, les debe haber costado un fortunón, una cantidad indecente de dinero a la que yo desde luego no puedo acceder.

Con esa curiosidad malsana con que le echamos el ojo a la competencia, me meto en su página web. No es gran cosa desde un punto de vista de diseño (ni falta que les hace, ya que tienen colapsados todos los medios de comunicación). Hago click en un enlace dirigido a los posibles franquiciados, y veo las condiciones de colaboración exigidas:

    • Local de más de 35 metros.
    • Pago inicial de 6.000 euros más royalty mensual del 5% de la facturación.
  • No es necesario ser abogado. De hecho, parece primarse el hecho de que el franquiciado no tenga conocimientos de derecho.

Llegado a este punto no puedo evitar pensar que la gracia de estas franquicias para indemnización por accidente de tráfico es permitir el acceso a bajo coste a personas sin la preparación adecuada a una actividad que debiera ser exclusiva de abogados.

¿Funcionan las franquicias para indemnización?

Y ya sé que esto puede sonar a pataleta de abogado superado por el éxito empresarial de la competencia, así que me limitaré a los hechos constatables: Como digo, en la propia información que suministra la web a la que me refiero se indica que no hace falta preparación alguna sobre el derecho de la circulación, ya que el franquiciante cuenta con su propio departamento jurídico. Por lo tanto, queda claro que la labor del franquiciado se deberá circunscribir a hacer de comercial o captador de casos, lo cual me cuadra con la información que me suelen dar clientes que previamente han acudido a alguna oficina de esta franquicia, quejosos de que en lugar de asesorarles se les insistía en que firmaran el contrato de adhesión.

Esta estructura, así vista, parte de una problemática evidente. Y es que con cargo a los honorarios que habrá de pagar el cliente de estas franquicias para indemnización hay dos personas (franquiciante y franquiciado) que no realizan trabajo alguno en favor del lesionado. Se necesita, pues, un tercer elemento (que será a su vez un abogado subcontratado por la franquicia) para que alguien realmente se ocupe de que la reclamación de indemnización avance. Esta es la razón de que el porcentaje que cobra esta franquicia alcance el 25 por ciento, cuando por ejemplo en FM Abogados Tenerife sólo cobramos un 15 por ciento (en el cual además incluimos los honorarios del perito médico)

Pero -eso hay que reconocérselo- de la debilidad han hecho fortaleza, ya que estos honorarios por encima de mercado le han dado a la franquicia unos medios económicos que a su vez se reinvierten en aparatosas campañas de publicidad que revierten en un número significativo de nuevos clientes. Ya sabemos que todo lo que sale en la tele es siempre lo mejor, y el consumidor ha sido educado durante décadas para no plantearse alternativas más económicas y efectivas.

¿Significa esto que los abogados tenemos la guerra perdida? En parte sí, o cuanto menos en el sentido de que nuestra falta de visión comercial ha implicado que nos veamos obligados a convivir con estas franquicias de accidentes, cosa que sería realmente inaudita en otros sectores. A modo de kilómetro cero para la esperanza diré que los porcentajes de clientes por referidos (el tradicional boca a oreja) de los abogados sigue siendo infinítamente superior al de las franquicias para indemnización, por lo que está claro que nuestro trabajo, una vez conocido por el cliente, es mucho más valorado. Supongo que debe influir -además del precio- el hecho de que nosotros podemos ofrecerle a las víctimas de accidentes de tráfico una capacitación y experiencia que no se adquiere en un cursillo de fin de semana.

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